
El lavado de cerebro que nos están haciendo con Barack B-obama es digno de estudio. No he puesto la tele ni la radio en todo el día, y estoy quemado. Esta mañana en la cola del paro, la gente comentaba las múltiples cualidades del nuevo presidente, como si lo conocieran de toda la vida. Luego, he ido a comprar tabaco, y el estanquero escuchaba en la radio la toma de posesión del mesías. En el bar, lo tenían puesto en la televisión. En fin, nadie (a no ser que sea un ermitaño) se ha librado del tostón de “este día histórico que cambiará nuestras vidas”. Y esto no ha hecho más que empezar.
B-obama se presenta como un superhéroe norteamericano que ha derrotado al villano texano (perdón por la rima) George Bush y se dispone a implantar el bien por el mundo, errandicando la pobreza, las guerras, las desigualdades sociales… Le rodea un arcoiris multicolor donde tienen cabida todas las razas. Precioso. Pero, ¿qué presidente de EE UU no ha tomado parte en una guerra?, ¿qué presidente de EE UU ha abolido la pena de muerte?, ¿qué presidente de EE UU ha sido, en definitiva, una buena persona?
“Ya, pero es que éste es el primero negro”, vociferan los estultos por todos los rincones del planeta, como tratando de afirmar que el poder no ciega a los que tienen otro color de piel.
Ante tanta tontería, yo me quedaba con Bush. Por lo menos te podías meter con él agusto, sin que nadie te mirase raro. Además, constituía el objetivo de todos los dardos (menos de Aznar, claro) y todos estábamos de acuerdo en que era ( y es) imbécil. ¿A quién vamos a insultar ahora cuando hablemos con extranjeros?, ¿a sus presidentes? No sé, me da en la nariz que vamos a acabar de pelea…