
A pesar de las coacciones de la Policía Municipal y de las multas abusivas, la Ley Antibotellón no ha logrado arradicar de cuajo la libre permanencia de la gente en la vía pública, tal y como pretendía.
Ahora, el botellón es más “ágil, variable, espontáneo y dinámico”. Esta afirmación no es nuestra, la hace un vecino de Madrid, algo mosqueado, en este reportaje publicado en El País.
No le falta razón. A problemas complejos, soluciones integradoras. Las calles de las ciudades ya no se atomizan como antes, pero al menos la ley no ha disuadido a la gente de poder estar libremente en la calle.
¡Resistimos! Pero todavía queda camino hasta que consigamos derogar la Ley de la Vergüenza.