El lavado de cerebro que nos están haciendo con Barack B-obama es digno de estudio. No he puesto la tele ni la radio en todo el día, y estoy quemado. Esta mañana en la cola del paro, la gente comentaba las múltiples cualidades del nuevo presidente, como si lo conocieran de toda la vida. Luego, he ido a comprar tabaco, y el estanquero escuchaba en la radio la toma de posesión del mesías. En el bar, lo tenían puesto en la televisión. En fin, nadie (a no ser que sea un ermitaño) se ha librado del tostón de “este día histórico que cambiará nuestras vidas”. Y esto no ha hecho más que empezar.
B-obama se presenta como un superhéroe norteamericano que ha derrotado al villano texano (perdón por la rima) George Bush y se dispone a implantar el bien por el mundo, errandicando la pobreza, las guerras, las desigualdades sociales… Le rodea un arcoiris multicolor donde tienen cabida todas las razas. Precioso. Pero, ¿qué presidente de EE UU no ha tomado parte en una guerra?, ¿qué presidente de EE UU ha abolido la pena de muerte?, ¿qué presidente de EE UU ha sido, en definitiva, una buena persona?
“Ya, pero es que éste es el primero negro”, vociferan los estultos por todos los rincones del planeta, como tratando de afirmar que el poder no ciega a los que tienen otro color de piel.
Ante tanta tontería, yo me quedaba con Bush. Por lo menos te podías meter con él agusto, sin que nadie te mirase raro. Además, constituía el objetivo de todos los dardos (menos de Aznar, claro) y todos estábamos de acuerdo en que era ( y es) imbécil. ¿A quién vamos a insultar ahora cuando hablemos con extranjeros?, ¿a sus presidentes? No sé, me da en la nariz que vamos a acabar de pelea…
A pesar de las coacciones de la Policía Municipal y de las multas abusivas, la Ley Antibotellón no ha logrado arradicar de cuajo la libre permanencia de la gente en la vía pública, tal y como pretendía.
Ahora, el botellón es más “ágil, variable, espontáneo y dinámico”. Esta afirmación no es nuestra, la hace un vecino de Madrid, algo mosqueado, en este reportaje publicado en El País.
No le falta razón. A problemas complejos, soluciones integradoras. Las calles de las ciudades ya no se atomizan como antes, pero al menos la ley no ha disuadido a la gente de poder estar libremente en la calle.
¡Resistimos! Pero todavía queda camino hasta que consigamos derogar la Ley de la Vergüenza.
Érase una vez que se era, en una pequeña región del norte español, que su Gobierno regional y popular, por aquello de la crisis, decidió recortar gastos en ese apartado denominado ‘publicidad institucional’, es decir, la partida presupuestaria destinada a los distintos convenios publicitarios firmados con cada uno de los medios de comunicación de la región.
Hete aquí que esta decisión ha provocado importantes quebraderos de cabeza a todos y cada uno de los medios afectados, pero nos centraremos en una humilde delegación de un periódico de pago y tirada diaria, por ser sobre el que más conocimiento de causa tenemos (por aquello del rigor periodístico y tal).
Pero, ¿qué es un convenio publicitario? Una primera definición nos llevaría a pensar en una cantidad que ese Gobierno popular paga al periódico a cambio de inserciones publicitarias periódicas. Una segunda la dio recientemente en una conversación, un alto cargo de la citada delegación: “Significa que el Gobierno paga los sueldos de la mitad de la plantilla”. Como se detecta algo de ironía en el comentario, indagamos un poquito más. Aquí la nueva respuesta: “Prefiero no decir en qué consiste ese convenio, es demasiado vergonzoso”.
En nuestras hábiles pesquisas, hemos averiguado que dicho convenio ascendía a 9.000 euros mensuales y, lo que es mejor, venía a regular el número de líneas de texto y fotos que el periódico debía publicar cada día sobre actos del presidente o de sus consejeros. Este cabo lo atamos cuando el jefe de la delegación expuso el motivo dado desde el Gobierno para suprimir el convenio: “Dicen que no hemos hecho suficiente caso al presidente”.
Desde aquí no diremos más. Únicamente dejaremos la última reflexión del mandamás de esta humilde delegación, cuando se le preguntó por el camino periodístico a seguir a partir de ahora: “Hombre, es que ahora estamos en crisis y la gente se aprieta el cinturón, pero la crisis acabará y si consideran que no nos hemos portado bien, igual no nos lo vuelven a poner”. Que cada cual valore lo que estime oportuno, que ya saben que este submundo de los blogs, las opiniones no valen dinero.
¡Ahhh! ¡Qué hermoso! Se acerca la Navidad y nos deja entrañables estampas como ésta. Niño Punk no ha podido resistirse y ha querido desear a todos los lectores de Embudo unas Felices Fiestas, salpicadas por la satisfacción que deja una buena pota. Los niños de San Idelfonso aún desconocen que el verdadero Gordo de la Navidad no es una combinación de cinco números…